
Sky-Mal ya está en casa. La sonda que un grupo de alumnos de la UMA lanzó el pasado 5 de mayo fue encontrada nueve días más tarde tras un viaje que llevó al aparato a más de 40.000 metros de altura y a unos 150 kilómetros de distancia de su lugar de partida.
Antes del lanzamiento, el equipo de Sky-Mal realizó simulaciones para averiguar la zona en la que podría caer el aparato arrastrado por las corrientes de aire. Además, la señal del GPS incorporada en la sonda les ayudaría a localizar con mayor exactitud el lugar del aterrizaje.
Sin embargo, según explica el director del proyecto, Carlos Pérez, la sonda no volvió a enviar datos de posición en su descenso –esta señal se había perdido minutos después del despegue debido a la altura–.
La misma tarde del lanzamiento, el equipo de Sky-Mal desplegó un dispositivo de búsqueda –los primeros cálculos apuntaban una zona entre Motril y Granada como posible lugar de aterrizaje– que no dio resultados. «Dedicamos los siguientes días a intentar estimar el lugar de aterrizaje con los primeros datos y a realizar simulaciones de trayectorias», afirma Carlos Pérez.
Afortunadamente, no hizo falta que se desplazaran de nuevo, pues en la mañana del día 14 de mayo Carlos recibió una llamada. Era Jesús Rodríguez, un agricultor de Laborcillas –un pequeño pueblo situado al noreste de la capital granadina– que decía haber encontrado un artefacto extraño con un número de teléfono.
Rápidamente, Carlos se desplazó hasta Laborcillas, donde, ayudado por Jesús, pudo recuperar la sonda. Una vez en casa, comprobó que todos los aparatos que incluía la sonda –una cámara de fotos, otra de vídeos, un aparato para medir temperatura y presión y un captador de polen– se encontraban en buen estado.
«La sonda tenía restos de escarcha, pues los datos apuntan a que estuvo sometida a una temperatura de 45 grados bajo cero. En cuatro horas se elevó a más de 40.000 metros, y hemos podido recuperar todo lo que registraron las cámaras», explica Carlos Pérez.



