
La escuela de judo de la Universidad de Málaga lleva ligada a las instalaciones deportivas prácticamente desde su inauguración, allá por el año 1995. Por sus clases han pasado un sinfín de alumnos y monitores, que han cosechado numerosos éxitos en campeonatos universitarios y de ámbito nacional.
Desde hace dos años, uno de sus monitores es Juan Manuel Prados. Este joven monitor define el judo como «un deporte en el que se usa tanto la fuerza del oponente como la propia para conseguir derribarlo». Este deporte, que ha llegado a convertirse en olímpico, proviene de Japón, y puede diferenciarse de otras artes marciales en que no hay golpes, ni puñetazos ni patadas. «Las técnicas que se utilizan se denominan como proyecciones si se hacen de pie; si se realizan en el suelo son inmovilizaciones. Solo los adultos pueden usar estrangulaciones y pequeñas luxaciones», aclara Prados.
El judo es un deporte muy completo. «De hecho, para niños pequeños, el judo es el deporte que recomienda la UNESCO», afirma Juan Manuel Prados. «Se trata de la actividad más completa en cuanto a nivel físico se refiere», aclara. Pero no solo por el rendimiento físico es recomendado este deporte. El judo cuenta con una filosofía de vida propia, en la que prima el respeto hacia compañeros, adversarios y árbitros por encima de todo.
La escuela cuenta con más de 100 alumnos, que se dividen en tres grupos principalmente. Niños y dos divisiones en adultos, escuela y competición. En la primera categoría se enseña cómo adquirir una buena forma física y una buena base de fuerza y técnica. Por su parte los que entrenan para competir trabajan únicamente técnicas de competición, por lo que los entrenamientos suelen ser más duros. La condición física la trabaja este grupo aparte. Pero no solo a competir se enseña en esta escuela. Juan Manuel Prados también cuenta con un grupo de alumnos, de diferentes edades, que practican judo simplemente como hobby o por ponerse en forma.
Actualmente la escuela cuenta con diez competidores de alto nivel. Uno de estos competidores es Pablo Rodríguez. Lleva desde los ocho años en la escuela y ha conseguido ser en varias ocasiones subcampeón y tercero de España. Asegura que el judo le ha ayudado a crecer como persona, no solo como deportista «por la gente que conoces en este mundo; personas sanas con las que entablas buenas relaciones de amistad. El judo también me ayuda a crecer psicológicamente, ya que para competir hay que saber enfrentarte a tus miedos».



